P. Pablo Sebastián de Soza, MC

Santa Teresita del Niño Jesús murió a la temprana edad de 24 años, después haber vivido 9 años como una hermana Carmelita.

En pocos años adquirió un alto grado de santidad, por eso me gustaría aplicar a nuestra santa esa línea del libro de la Sabiduría: “Habiéndose perfeccionado en poco tiempo, alcanzó la plenitud de una larga carreraconsummatus in brevi explevit tempora multa (Sab 4, 13)

¡Admiro mucho la profunda humildad de esta asombrosa Santa! Creo que gracias a su gran humildad (que es en si mismo un don divino) Dios pudo hacer tanto en su alma y elevarla a un grado muy alto de santidad. Su nombre es una clara muestra de su humildad: se la conoce popularmente como la Pequeña Flor, nombre que se aplicó Teresa al comienzo de su famoso libro Historia de un alma. ¡Qué hermosa comparación: compara su alma con una pequeña flor! Continúa explicando que si una florecita pudiera hablar, hablaría de la obra asombrosa de Dios en ella, y que todas sus cualidades, virtudes, su dignidad, en una palabra, todo lo bueno que hay en ella proviene de la misericordiosa mano de su Creador.

No hay duda de que la humildad de nuestra santa es la base de su espiritualidad. Creo que podemos decir esto sobre cada santo, pero sobre todo cuando hablamos de santa Teresita. Partiendo de esta profunda humildad, ella alcanzará las asombrosas alturas de santidad por las que es bien conocida en toda la Iglesia. La humildad será para ella como un manantial que la llevará directamente a su Señor y Creador.

Y si vemos que Teresita tiene una disposición de corazón asombrosa para encontrar y luego hacer la voluntad de Dios, es porque sabe perfectamente quién es Dios y quién es Teresita: la relación entre ella y Dios tan clara como el agua más cristalina que podemos encontrar en este mundo. Al leer la Historia de un Alma, vemos que no hay ningún obstáculo entre Dios y Su florecilla.

Bien sabemos que la humildad sin Dios nos lleva a la desesperación. En cambio, la humildad con Dios nos lleva a la santidad y a poder hacer cosas increíbles confiando en la ayuda de nuestro Padre amoroso.

Admiremos siempre y no nos acostumbremos nunca al amor gratuito de Dios por cada uno de nosotros. Dios nos elige a cada uno de nosotros porque nos ama. Su amor, a diferencia de nuestro amor humano, es creador, fundacional en este mundo y para cada uno de nosotros. No solo somos receptores del amor de Dios, sino más aún, somos un testimonio vivo de que Dios es amor y que constantemente derrama ese amor en cada uno de nosotros. ¡Oremos a Santa Teresa para que siempre experimentemos el cuidado amoroso y misericordioso de nuestro buen Padre Celestial!