P. Javier Ray, MC

Parte I. Introducción
Parte II. El primero de los sueños. Paternidad de José.
Parte III. El segundo sueño de José. Salvación de José.

Si el primer sueño de José (Mt 1,20-24) fue un sueño “esponsal”, pues garantiza en el Plan divino la unidad de la Sagrada Familia, el segundo fue indudablemente “salvador”. De hecho, a las Letanías de San José –que toda alma josefina aprecia y reza todos los días–, cabría agregar otro título: “José salvador”.

Recordemos el contexto de este sueño. La verdad era que María y José desconocían los siniestros planes del Rey Herodes. Ni pareciera que los mismos Reyes quisiesen alterar la paz de la Sagrada Familia avisándoles antes de volver a sus tierras. Bueno todo parece indicar que ellos también se enteraron por sueños, como a último momento, que debían cambiar de ruta sin volver por Jerusalén, sin contactar a Herodes el Grande (Mt 2,12).

Más aún, María y Jesús a sus anchas ya tenía el objeto de su máximo amor. Y todo parecía “un sueño”… Incluso desde el punto de vista práctico contaban ahora con los dones de los Reyes, que en la mente del ecónomo José arribaban tan bien al momento de solventar los gastos ocasionados por la Presentación de Jesús en Jerusalén y la Purificación de María. Es que eran pobres en serio.

Por lo que, con sus pequeños pañales curtidos por María, Jesús lucía todo un niño lleno de vida. Y no sólo parecía, en realidad lo era: Dios Vida –como insistirá tanto San Juan en sus Cartas– hecho “tierno cuerpecito” como cantará San Alfonso.

La escena se completaba con la maravilla de María dándole de comer en abundancia, porque era un niño ávido de vida en crecimiento.

En ese contexto “de ensueños”, el ángel se revela inesperadamente a José y le transfiere su oficio de protector:

El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y quédate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle’. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes” (Mt 2,13-15).

Interesante cómo Dios elige a José y no a María para esta tarea. Aunque, como dijimos, María es la Madre, la Madre de Dios, con dignidad “cuasi infinita” como enseña Tomás de Aquino –el más grande de los teólogos–, en los planes de la Providencia a José le tocaba responsabilizarse en salvar a su Hijo y a su Esposa. Recuerda lo que Yahvéh comunicó a David: “Por medio de mi siervo David libraré a mi pueblo Israel de los filisteos y de todos sus enemigos” (2S 3,18).

Así Dios hace entender nuevamente a José de manera palpable que él es parte del Plan de salvación. De allí se explica las merecidas veneraciones, respetos y alabanzas que el Señor San José –cómo gozan llamarlo los devotos mexicanos– tendrá a lo largo de los siglos en todos los católicos.

Por otro lado indica cómo en el Plan de salvación diseñado por el Omnipotente hay un resto reservado al varón más allá de lo otorgado a la mujer. Sí, a la mujer le condescendió la parte bien principal (¿y aún así algunos apuntan que el cristianismo es machista…?). Eligiendo la Providencia a José como salvador del Niño, enseña Dios que el varón tiene un rol significativo en la manufactura de la salvación de la humanidad. Ambos tienen su parte, como la gran Teresa de Jesús enfatiza: “Que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos” (Vida 6,7-8).

El punto es que José se dio cuenta que algo tan importante como preservar la vida del Salvador –hasta el momento que Dios así lo tuviera planeado con el regreso de la huida– era parte vitalísima de su misión en la tierra. José prudentísimo.

Y nuevamente él cumple en obediencia perfecta su misión. José obedientísimo. No espera. En la misma noche parte a un lugar que si bien sería fuera del alcance herodiano no dejaba de tener sus propios peligros.

Y recordemos que si hoy viajes nocturnos tienen sus lógicas peripecias, ¿cómo sería un viaje por la noche a tierras egipcias pasando por los desiertos más inhóspitos?

Parte IV. El tercer sueño de José. Auxilio de José.