P. Ricardo Castro Huergo, MC

En la sociedad de hoy podemos sentirnos frecuentemente solos y ansiosos, aún si al mismo tiempo tenemos miles de seguidores en Instagram. La verdad es que hemos sido creados para tener amistades personales significativas. Las redes sociales frecuentemente nos dan solamente interacciones superficiales. Nuestros corazones necesitan estar íntimamente conectados con otras personas. Esa necesidad de conexión debe ser satisfecha primera y fundamentalmente por nuestra amistad con Dios.

Esto me lo recordó una ordenación de un obispo auxiliar de la diócesis de San Diego. El lema del obispo John Dolan es “Permaneced en mi amor” (Jn 15, 9). En sus comentarios después de la ordenación, el obispo John invitó a todos a vivir y descansar en el amor que Jesús tiene por nosotros.

Cuando los marineros en un bote no quieren ir a la deriva debido al viento o la corriente, usan un ancla. Permanecer en el amor de Cristo es anclarnos en el único que nos puede dar paz y seguridad en medio de la tentación y el sufrimiento. Tener un conocimiento íntimo del amor de Cristo por nosotros nos ayuda a mantenernos firmes incluso cuando somos empujados por el mundo, el demonio o nuestro propio egoísmo.

Pero, ¿qué es exactamente permanecer en el amor de Cristo?:

  1. Permanecer en el amor de Jesús es ante todo creer. Es creer que el amor de Jesús por nosotros es real. ¡Sí, Jesús realmente me ama! ¡Jesús realmente te ama!
  2. Permanecer también es confiar, tener una confianza inamovible de que el amor de Cristo por nosotros no desaparece. Podríamos bloquear el amor de Jesús a través del pecado, pero Él en realidad no deja de amarnos.
  3. Por último, permanecer significa recibir. Es saber que estamos en el extremo receptor del amor de Cristo. Jesús nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4:19). Por lo tanto, no necesitamos ganar Su amor. El amor de Cristo se da gratuitamente, es un regalo.

Permanezcamos en todo momento en el amor de Cristo creyendo, confiando y recibiendo.